Maravillas del Tíbet

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lunes, 16 de marzo de 2009

Colorantes: atractivos, pero nocivos

El creciente número de niños alérgicos, hiperactivos o con problemas de concentración es atribuible -según algunos estudios- a los nuevos hábitos de alimentación. Por ejemplo, la comida chatarra, cargada de aditivos químicos nocivos para la salud, entre los cuales destacan los llamativos colorantes.

Resulta evidente observar cómo nuestros hogares han sido invadidos con la llamada comida chatarra, encontrando como fieles adeptos, principalmente a los niños. Bien lo saben los fabricantes y también los publicistas ya que gracias a su creatividad han conseguido introducir una verdadera "necesidad" de consumo en sus pequeños clientes, para quienes resulta prácticamente imposible resistirse a sus encantos. Papas fritas, suflés, jugos en polvo, jaleas, helados y otros, son algunos de los sabrosos exponentes de este moderno tipo de alimentación envasada.

Pero, ¿qué hay de malo en consumir estos productos?. El daño no está en el alimento original sino en los componentes que se les agregan para presentarlos más atractivos hacia sus potenciales consumidores.

Se calcula que existen cerca de cien mil productos químicos a los que estamos expuestos en la vida diaria a través de la industria, vivienda o productos alimenticios. Los colorantes que se agregan a los alimentos para resaltar su origen natural son uno de ellos. Basta imaginarnos un rosado helado de frutilla, un naranjo jugo de naranjas, un amarillo yogur de vainilla, etc. Desde muy pequeños los ingerimos.

Al nacer la guagua toma remedios con sabores y colores muy llamativos. Luego, al ir creciendo, comienza a ingerir yogures de los más variados tonos así como jugos artificiales, caramelos y un sinfín de comida envasada recargada de color especialmente para atraer su caprichoso apetito.

¿Sanos colores?
La mayoría de los colorantes que actualmente se utilizan son extraídos de derivados del alquitrán. A través de los años han sido estudiados en EEUU, llegándose a configurar una pauta que indica cuáles son sanos, es decir que no producen efectos dañinos en el organismo.

A este tipo se les denomina "gras" (generally regarded as save) y corresponde a la normativa que actualmente aplican las autoridades de salud. Sin embargo, no todos creen en esta pauta.

En nuestro país, el doctor Rodrigo Hurtado médico cirujano de la Universidad de Chile, experto en alergia e inmunología, no está seguro de que los colorantes identificados como "gras" sean realmente inocuos puesto que "nunca se evaluaron sus efectos a largo plazo o los daños paulatinos que pueden provocar a través de la vida".

Chilenos hiperactivos
Uno de los principales colorantes utilizados en Chile es la tartrasina. Este derivado del alquitrán, que se utiliza en nuestro país en múltiples y variados productos como jaleas, jugos, etc., tiene efectos, al parecer, nada sanos. Si un niño consume muchos milígramos de tartrasina al día, al cabo de un período de ocho o diez años podría mostrar efectos en su salud.

Algunos de estos efectos corresponden a patologías a nivel respiratorio. Entre el 5 y 8 por ciento de los niños chilenos sufre de asma. Esta cifra se traduce en cerca de un millón de asmáticos y alérgicos severos. De ellos, según los estudios, al menos un 10 por ciento es sensible a la tartrasina.

Por otra parte, hace algunos años un grupo de pediatras descubrió efectos como excitación sicomotora e incapacidad de concentración en los niños producto de la ingestión de colorantes considerados "gras" como el amarillo Nº5 y Nº6. El doctor Rodrigo Hurtado corrobora esta observación, asegurando que entre un niño chileno y uno norteamericano existe una diferencia en su comportamiento.

"Se nota que en nuestro país los niños son consumidores de colorantes porque son mucho más hiperactivos." Esta teoría la ha puesto a prueba disminuyendo en un grupo de menores los alimentos con colorantes y observando posteriormente en ellos un cambio de actitud.

Jugoso y crujiente vicio
De todos los alimentos que traen altas dosis de colorantes, los más recurridos en nuestro país son los jugos en polvo. Los niños desde que tienen alrededor de un año de edad comienzan a tomarlos.

Esta costumbre es considerada muy negativa ya que el agua es un elemento vital en nuestras vidas y si los menores se acostumbran a ingerirla con distintos sabores y colores estamos agregando un elemento químico a una necesidad que es básica a lo largo de toda la vida.

Por otra parte si observamos qué alimentos llevan los niños al colegio como colación, descubriremos una cantidad extraordinaria de colorantes en su mochila: papas fritas, queques envasados, yogures, etc. En opinión del doctor Hurtado, "por una falta de conciencia estamos educando en un sistema con una alimentación alterada... ¿Cómo va a alimentar ese niño a sus futuros hijos?"

Aprender a alimentarnos
La legislación chilena recién estableció este año la obligación de especificar en el envase de los alimentos qué tipo de colorantes se utilizan, aunque no su cantidad.

Según Hurtado ésta debiera ser una exigencia de las autoridades de salud pública ya que las últimas investigaciones indican que hay una relación dosis-efecto.

La población de Chile está definida como de alto riesgo en el sentido que la mayor cantidad de habitantes vive en ciudades muy contaminadas donde están respirando compuestos químicos nocivos. Si además agregamos una alimentación deformada, el mal es peor.

"A diferencia de otros países más desarrollados Chile se está encaminando hacia el uso indiscriminado y masivo de elementos que no tenemos seguridad que sean buenos para la salud, que los aceptamos culturalmente y que el desarrollo económico permite que estén al alcance de todos", sostiene el especialista.

A su juicio sería necesario hacer estudios específicos sobre los alcances que tiene el uso continuo de la tartrasina para que a partir de sus resultados se impulse una medicina preventiva, enseñando a la gente a consumir los alimentos adecuadamente con la consiguiente disminución de enfermos crónicos, de niños hiperactivos y de muertes por asma.

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