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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Cómo evitar y eliminar metales tóxicos (Parte I)

Por Kaayla T. Daniel y Galen D. Knight - La Gran Época

¿Qué pasa cuando la gente sigue los principios dietarios del doctor Weston A. Price, pero aún sufre de problemas significativos de salud? ¿Por qué tanta gente intenta comer grasas buenas, pero descubren que no las pueden digerir?

¿Cuál es el motivo del malestar digestivo y disbiosis a pesar de tomar probióticos de alta calidad y consumir caldos y alimentos naturales? ¿Por qué algunos bebés se enferman, incluso cuando los padres siguen una dieta nutritiva antes de la concepción y durante el embarazo y la lactancia?

La respuesta pueden ser los metales tóxicos. Aunque podemos honrar a nuestro organismo con alimentos nutritivos, no podemos llegar a nuestro potencial de salud plena mientras nos quedemos con restos de desechos de mercurio, aluminio, cadmio, arsénico, plomo y níquel en nuestro cuerpo.

Incluso los “metales preciosos”, oro, plata y platino pueden generar problemas al ser mezclados con una dosis de cloruro y fluoruro que se encuentran en abundancia en el suministro de agua municipal, y no es de extrañar que muchos de nosotros estemos enfermos y cansados.

En las últimas décadas los profesionales de la salud también han comenzado a ver a más gente “brillando en la oscuridad”, debido a los residuos y armas nucleares. Se sospecha que el uso de armas con “uranio empobrecido” en conflictos armados contribuye al “síndrome de la Guerra del Golfo”, una serie de problemas de salud relacionados con la Guerra del Golfo, así como la guerra de Irak y otros conflictos en curso.

El sistema médico actual sólo reconoce la toxicidad aguda por metales, del tipo que conlleva síntomas dolorosos, repentinos y severos, incluyendo calambres, náuseas, vómitos, sudoración, dolores de cabeza, dificultades respiratorias, convulsiones, deterioro cognitivo y de habilidades motoras y del lenguaje.

Con intoxicación aguda por metal, el efecto del consumo, inhalación, contacto con la piel, y otra exposición es claro. La toxicidad aguda se presenta con mayor frecuencia en los sitios de trabajo cuando los trabajadores están expuestos a sustancias peligrosas, a pesar de que los accidentes se producen también en el hogar.

Los plaguicidas, herbicidas y fertilizantes químicos que se derraman en los hogares y escuelas, por ejemplo, son algunas de las razones más comunes por qué la gente que estaba sana anteriormente se une a las filas de los químicamente sensibles y ambientalmente enfermos.

En 1986, el Congreso de EE.UU. estableció la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades (ATSDR) del Departamento de Salud y Servicios Humanos con el fin de hacer frente a los efectos de sustancias peligrosas para el medio ambiente en la salud humana.

En cooperación con Agencia de Protección Ambiental de EE.UU., la ATSDR recopila una lista prioritaria de sustancias peligrosas cada año. De las 275 sustancias de la lista del 2007, el arsénico es el Nº 1, seguido por el plomo y el mercurio, el cadmio ocupa e séptimo lugar.

De estos cuatro peligrosos metales el mercurio es el más estudiado, pero todos tienen similares efectos adversos sobre el cuerpo.

Kaayla T. Daniel, Ph.D., CCN, es un profesional oficialmente certificado como un especialista en nutrición clínica y escritor sobre salud.


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