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martes, 18 de mayo de 2010

La causa más importante del cáncer. Parte II

Alfredo Embid. Boletín Armas para defender la salud no. 62

Después del descubrimiento de los rayos x en 1896, los médicos vieron inmediatamente sus beneficios potenciales y comenzaron a experimentar con El Rayo usando equipos de construcción casera. (Ver REHW nº 691).

Sólo 3 semanas luego de anunciarse el descubrimiento de los rayos x, los primeros de muchos experimentadores se quejaron de que habían sufrido dolorosas quemaduras en las manos por los rayos x.

Además de los rayos x, para 1910 la comunidad médica estaba usando radio radiactivo de manera exhaustiva en terapias. El radio también se estaba usando industrialmente para hacer esferas de relojes que brillaban en la oscuridad, ojos de muñecas, carnada de peces, miras para armas y otros artículos. Sin embargo, a mediados de los años 20 resultó evidente que muchas mujeres jóvenes que pintaban radio sobre las esferas de los relojes estaban muriendo. Su empleador, la compañía U.S. Radium en West Orange, N.J., insistió en que las jóvenes mujeres estaban muriendo debido a una mala higiene personal, pero los estudios del lugar de trabajo en 1924 y 1925 concluyeron que todos los trabajadores estaban siendo expuestos a una cantidad excesiva de radiación. Así que los seres humanos aprendieron por ensayo y error que
las radiaciones alfa y gamma del radio pueden ser extremadamente peligrosas incluso en cantidades pequeñas.

El 2 de diciembre de 1942, el primer reactor nuclear creado por el ser humano comenzó a operar en un laboratorio secreto debajo de las tribunas de Stagg Field, en la Universidad de Chicago. El objetivo de este reactor era, en primer lugar, demostrar que se podía lograr (y controlar) la fisión nuclear y, en segundo lugar, producir plutonio para una bomba. El Dr. Arthur Compton dirigió el “Proyecto Manhattan”, nombre secreto dado a los esfuerzos de los E.U.A. para fabricar una bomba atómica.

En ese momento, el inventario mundial de radio totalizaba aproximadamente dos libras. Los reactores nucleares construidos en Chicago y luego en Clinton, Tennessee y Hanford, Washington, mantendrían inventarios con el equivalente radiactivo a miles de toneladas de radio. Muchos de los elementos radiactivos en esos reactores nucleares eran nuevos, con características desconocidas. Arthur Compton y sus colegas insistieron en que se tenían que elaborar parámetros de seguridad para proteger a los trabajadores de los daños de la radiación.

A principios de 1943, Compton contrató a un radiólogo, un químico y tres físicos para que determinaran los parámetros de seguridad contra la radiación y para que desarrollaran un equipo de medición con el que se pudiera asegurar que se cumplieran los parámetros. Estos 5 científicos se llamaron “físicos sanitarios”, queriendo decir que eran físicos preocupados por la salud. Hasta el día de hoy, los científicos que estudian los efectos de la radiación sobre la salud se autodenominan físicos sanitarios. A los especialistas en rayos x se les llama radiólogos.

En septiembre de 1943, el grupo inicial de físicos sanitarios se mudó a Clinton, Tennessee, donde se estaba construyendo un enorme complejo industrial para procesar uranio; el Oak Ridge National Laboratory (ORNL).
En 1944, uno de los cinco físicos sanitarios iniciales -Karl Z. Morgan- fue designado director de la Sección de Física Sanitaria en Oak Ridge, un cargo que desempeñó durante 29 años hasta 1972 cuando alcanzó la jubilación [1, pág. 33].

Morgan tuvo un papel central en la creación de la profesión de la física sanitaria y en la determinación de los parámetros para las radiaciones en todo el mundo. En 1955 se constituyó la Sociedad de Física Sanitaria (Health Physics Society) con Morgan como su presidente provisional; después fue el primer presidente electo de la sociedad en 1956-57. Desde 1955 hasta 1977, Morgan fue editor en jefe de la revista profesional de la sociedad, HEALTH PHYSICS. En 1966 se estableció la Asociación Internacional para la Protección contra la Radiación (International Radiation Protection Association), que representa a los
profesionales de 30 países y Karl Morgan fue electo su primer presidente.

La mayoría de los parámetros de radiación son determinados por la Comisión Internacional para la Protección Radiológica (International Commission on Radiological Protection, ICRP), la cual se originó en 1950 a partir de un grupo anterior que determinaba los parámetros, el Comité Internacional para la Protección contra los Rayos X y el Radio (International X-ray and Radium Protection Committee). Karl Morgan fue uno de los 13 miembros de la ICRP desde 1950 hasta 1971 y durante ese
tiempo presidió el comité de la ICRP que se ocupa de las dosis internas, determinando los parámetros de radiación que después fueron adoptados en todo el mundo. Es evidente por qué a Karl Morgan frecuentemente se le llama “el padre de la física sanitaria”.

En años recientes, Karl Morgan ha descrito y criticado la labor de la ICRP. Morgan dice que la ICRP ha tenido dos puntos importantes que no ha querido ver: el Comité nunca se ha enfocado en los peligros que enfrenta el público por la excesiva exposición a los rayos x médicos y, para mediados de la década de 1960, la ICRP comenzó a determinar parámetros para la radiactividad que protegían a la industria nuclear en lugar de proteger al público, dice Morgan.

Según Morgan (quien sigue siendo un miembro emérito de la ICRP), la ICRP comenzó a ignorar los peligros serios de radiación a principios de los años 60. Morgan escribe: “El período de la pruebas atmosféricas de las armas nucleares por los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y la U.R.S.S. es una página triste en la historia del hombre civilizado. Sin lugar a dudas, fue la causa de cientos de miles de muertes por cáncer. Y sin embargo había un completo silencio departe de la ICRP.
Durante esos años (1960-1965), la mayoría de los miembros de la ICRP estaban trabajando directamente con la industria de las armas nucleares o recibían la mayor parte del financiamiento para sus investigaciones de manera indirecta de esta industria. ¿Quizás se estaban negando a morder la mano que les daba de comer?”
[2].

En los años 70 la situación empeoró luego de que una serie de estudios reveló que la radiación era incluso más peligrosa de lo que se creía previamente. En 1974, Baruch Modan mostró que el riesgo que tenía una mujer de sufrir cáncer de seno aumentaba con dosis de rayos x tan bajas como 1,6 rem [3]. En 1977, Thomas Mancuso y otros reportaron que los trabajadores del complejo de plutonio en Hanford estaban muriendo de cánceres por dosis de radiación tan bajas como 3 rem acumuladas durante muchos años [4]. (El parámetro de seguridad de los trabajadores en ese momento era de 5 rem por año). Karl Morgan dice que estos estudios crearon pánico en la industria nuclear: “Preocupados por el hecho de que su misma existencia estaba amenazada si el público creía que había un aumento en el riesgo de cáncer a estos niveles de exposición tan bajos, el complejo industrial nuclear determinó que respondería vigorosamente a todo aquel que los amenazara”, reporta Morgan en su autobiografía [1, pág. 112]. Como resultado de esto, Morgan cree que: “…los físicos sanitarios en décadas recientes han sacrificado su integridad. Por supuesto que quedan algunos profesionales verdaderos que no ocultarán la verdad para apaciguar a sus empleadores, pero ellos son la minoría”, dijo Morgan en 1999 [1, pág. 113].

La ICRP prestó oídos sordos a otros problemas que afectaban la salud pública -las exposiciones excesivas de los rayos x médicos y dentales.

A principios de los años 50, una serie de estudios mostró que los rayos x eran más peligrosos de lo que se pensaba anteriormente. En 1950, H.C.

March mostró que, en comparación a otros médicos, los radiólogos tenían una probabilidad nueve veces mayor de morir de leucemia [5]. En 1956, Alice Stewart mostró que una sola radiografía de un feto en el útero duplicaría su probabilidad de sufrir de leucemia infantil [6].

En su autobiografía en 1999, Morgan describe la incapacidad de la ICRP de ocuparse de las excesivas e innecesarias exposiciones a los rayos x por procedimientos diagnósticos:
“…Era como si chocara contra un muro cada vez que mencionaba el tema de las excesivas e innecesarias exposiciones diagnósticas de rayos x”, escribió Morgan en 1994 [2]. “Pronto me convencí de que el tema de las exposiciones médicas excesivas estaba prohibido por parte de la ICRP debido a que la ICRP fue fundada bajo los auspicios del Congreso Internacional de Radiología (International Congress of Radiology, ICR) y los radiólogos no querían restricciones o interferencias en el uso que le daban a los rayos x diagnósticos. Tenía la desagradable sensación de que había un serio conflicto de intereses en el financiamiento de la ICRP por parte del ICR… Los conflictos de intereses parecieran ser una enfermedad virulenta y contagiosa”.

A mediados de los años 60, la sección de Morgan en el instituto Oak Ridge Laboratory estudió las dosis de rayos x que recibían los niños estadounidenses como resultado de un programa masivo de radiografías del pecho. Comenzando en los años 50, se llevaron a las escuelas máquinas portátiles de rayos x en camiones especiales y se les realizaron radiografías del pecho a cientos de miles de niños estadounidenses. El estudio de Oak Ridge encontró que cada uno de estos niños estaba recibiendo una dosis de rayos x de 2 a 3 rem; Morgan sabía que esto era excesivo debido a que los trabajadores del instituto Oak Ridge Laboratory estaban recibiendo una dosis de sólo 0,015 rem por una radiografía del pecho. En otras palabras, los niños estaban recibiendo una dosis de rayos x de 130 a 200 veces más alta que la dosis requerida para producir una placa adecuada de rayos x -sin mencionar que la mayoría de los niños no necesitaban para nada una radiografía del pecho. (Las radiografías masivas de los niños estadounidenses fueron suspendidas por una campaña liderizada por Karl Morgan, Rosalie Bertell, Irwin Bross y otros) [2].

En las décadas de 1940 y 1950, muchas zapaterías instalaron máquinas fluoroscópicas (de rayos x) para la determinación de la horma. Para 1949, un estudio había mostrado que las máquinas para la determinación de la horma les estaban suministrando a los niños altas dosis de radiación. Nuevamente, la ICRP no mostró interés en el asunto.

Morgan y sus colegas calcularon que los rayos x médicos eran responsables de 90% de toda la radiación de las fuentes creadas por los seres humanos [7, 8]. En 1963 Morgan mostró que cada año el ciudadano estadounidense promedio estaba recibiendo aproximadamente la misma cantidad de radiación de los rayos x médicos como de las fuentes naturales de fondo. En otras palabras, en los E.U.A. el uso de los rayos x médicos estaba duplicando la exposición de la persona promedio a la radiación. El argumento de Morgan era que se podían lograr los mismos beneficios con dosis mucho más bajas usando técnicas y equipos actualizados. La comunidad médica, en su mayor parte, prestó oídos sordos.

Durante muchos años, Morgan y otros escribieron sobre los peligros de las excesivas e innecesarias exposiciones a la radiación debidas a la medicina y a la odontología -un esfuerzo que Morgan describe como “veinte años de fracasos frustrantes”. En su autobiografía (pág. 121), Morgan dice que fue “una parte memorable del trabajo de toda mi vida” cuando el Presidente Lyndon Johnson firmó la Ley Pública 90-602, la “Ley de 1968 para el Control de la Radiación por la Salud y la
Seguridad” (”Radiation Control for Health and Safety Act of 1968″) la cual determinó los parámetros federales mínimos para los equipos de rayos x. (Ver www.fda.gov/cdrh/radhlth/- summary.html). Sin embargo, la ley no puede hacer nada para frenar las exposiciones innecesarias y excesivas a los rayos x, las cuales continúan sucediendo de manera rutinaria.

En los últimos 20 años, otro importante científico preocupado por la exposición excesiva a los rayos x ha sido el Dr. John Gofman. En su autobiografía, Morgan describe a Gofman de esta manera:”…John Gofman, un científico con títulos tanto en química como en medicina. John Gofman y Glenn Seaborg descubrieron el uranio 233 y Gofman fue el primero en aislar plutonio. A pesar de estos logros, Gofman todavía no ha recibido el reconocimiento que se merece; en mi opinión, Gofman es uno de los científicos más destacados del siglo veinte“, escribe Morgan.

Durante 20 años o más, Gofman ha estado publicando estudios sobre los peligros de la radiación de bajo nivel. Su último libro llena 700 páginas tratando esta hipótesis: “La radiación médica es una causa altamente importante (probablemente la causa principal) de la mortalidad por cáncer en los Estados Unidos en el siglo veinte” [9]. En otras palabras, Gofman cree que los rayos x médicos son la causa principal del cáncer (incluyendo el cáncer de seno) y de la enfermedad cardíaca en los E.U.A. El trabajo de Gofman es cuidadoso, meticuloso y está claramente escrito, de manera que probablemente no se podrá
esperar que la mayoría de los físicos sanitarios de este mundo lo acepten sin protestar.

Notas:

  • [1] Karl Z. Morgan y Ken M. Peterson, The angry genie; one man’s walk
    through the nuclear age (Norman, OK: University of Oklahoma Press,
    1999). ISBN 0-8061-3122-5.
  • [2] Karl Z. Morgan, “Changes in International Radiation Protection
    Standards,” American Journal of Industrial Medicine, Vol. 25 (1994),
    págs. 301-307.
  • [3] Baruch Modan y otros, “Radiation-Induced Head and Neck Tumors,”
    Lancet (Feb. 23, 1974), págs. 277-279.
  • [4] Thomas F. Mancuso y otros, “Radiation Exposures of Hanford Workers
    Dying from Cancer and Other Causes,” HEALTH PHYSICS Vol. 33 (Noviembre
    1977), págs. 369-385.
  • [5] H.C. March, “Leukemia in radiologists in a twenty year period,”
    American Journal of Medical Science Vol. 220 (1950), págs. 282-286.
  • [6] Alice Stewart y otros, “Preliminary Communication: Malignant
    disease in childhood and diagnostic radiation in utero,” Lancet Vol. 2
    (1956), págs. 447-448.
  • [7] Karl Z. Morgan, “Medical X-Ray Exposures,”Industrial Hygiene
    Journal (Noviembre/Diciembre 1963), págs. 588-599.
  • [8] Karl Z. Morgan, “You can drastically cut X-ray exposure below
    today’s levels”, Consultant (Marzo/Abril, 1970), pág. 16.
  • [9] John Gofman, Radiation from medical procedures in the pathogenesis of cancer and ischemic heart disease (San Francisco: Committee for Nuclear Responsibility, 1999). ISBN 0-932682-98-7. $27,00; teléfono
    (415) 776-8299. Correo-E: crnl123@webtv.net.
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