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martes, 28 de septiembre de 2010

Tratamiento natural para los pacientes cardíacos

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río.

Profesor de Farmacología del CUCS de la Universidad de Guadalajara.

La primera causa de muerte en el mundo son las enfermedades cardiovasculares. No hay un tratamiento mágico, pero si hacemos ciertos cambios en nuestro estilo de vida, nuestra actitud mental y nuestros hábitos alimenticios, seguramente que la prevención de un ataque cardíaco u otra enfermedad cardiovascular será lo suficientemente efectiva.

La sugerencia no profesional que casi siempre recibirá un paciente cardíaco sobre el ejercicio es que emprenda un ejercicio vigoroso como es pasear en bicicleta, nadar o caminar rápido. Claro que no debemos olvidar que este consejo no le viene bien a todos los pacientes cardíacos. Inclusive, recientemente ha sido puesto en duda por la prensa médica. Los programas regulares de caminata pueden ser aun más benéficos. Algunos estudios han demostrado que el Yoga, que combina la relajación, el estiramiento y la flexibilidad disminuye las posibilidades de que las personas sufran de otro ataque cardíaco (Lancet, 1975, II; 93-95) (Brit Med Jour, 1985).

Otra medida natural es bajar de peso. El hecho de pesar de más no nos pone en una situación de aumento de riesgo directo de sufrir de una enfermedad cardíaca, pero sí aumenta el riesgo de sufrir de hipertensión arterial sistémica.

Para poder lograr una pérdida de peso estable, es necesario hacer ciertos cambios dietéticos. Más bien que sólo restringir las calorías. Un acercamiento más sensible es poner atención a lo que comemos. Ciertos alimentos son más efectivos como protectores cardíacos que otros. En general, la dieta Mediterrránea, alta en frutas y verduras frescas, cebolla, ajo, pescado, pollo y aceites poliinsaturados y monoinsaturados ofrece la mejor protección (J Cardiol, 1992; 69: 879-85).

En un importante estudio clínico, aquellos que siguen una dieta Mediterránea disminuyen su riesgo de problemas cardíacos con un impresionante 70 por ciento (Am J Clin Nutri, 1995; 61(6 Suppl): 1360S-67S). Algunos investigadores consideramos que los efectos clínicos de alterar la dieta de esta manera, es igual a tomar unos 180 mg de aspirina diario (Nutrition, 1991; 7:119-23).

Se publicó un estudio impresionante con un seguimiento de 30 años, el cual demostró el efecto cardioprotector que tiene el consumo de pescado diariamente, con un promedio de 35 gramos diarios. Se especula que el efecto cardioprotector se debe a la ingesta de ácidos grasos esenciales de cadena larga (Daviglus M.L., Stamler J., Orencia A.J. et al. Fish consumption and the 30-year risk of fatal myocardial infarction. N. Engl. J Med 1997;336:1046-1053).

Entre los nutrientes importantes para prevenir los problemas cardíacos, podemos encontrar al folato. Al aumentar los niveles de un aminoácido conocido como homocisteína se puede originar una enfermedad cardiovascular, la cual, como su nombre lo indica, afecta al corazón y a los vasos sanguíneos. Hemos confirmado que inclusive con dosis bajas de folato, podemos disminuir los niveles anormalmente altos de homocisteína (JAMA, June 26, 1996).

Existe otro tipo de nutrientes efectivos como preventivos de las enfermedades cardíacas. Este tipo de nutrientes son los conocidos antioxidantes. Tal es el caso de la vitamina A, C y E, las cuales tienen un efecto protector general en contra de los radicales libres (Lancet, 1991;337:1-5). Algunos estudios han demostrado que la vitamina C tiene efectos cardioproctectores (BMJ, 1995; 310: 1559-62). Por otro lado, se ha podido comprobar que una dosis tan pequeña como una naranja al día (lo cual equivale aproximadamente a 60 mg diarios) puede disminuir el riesgo de un ataque cardíaco en un 10 porciento (Lancet, 1994; 343: 1454-9). No hay que olvidar que también la vitamina E ha sido asociada a un riesgo disminuido de problemas cardíacos a través de otras pruebas clínicas (N Eng J Med, 1993; 328: 1444-9; N Eng J Med, 328: 1450-55).

Hoy, estudios reportados que fueron conducidos en Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard dicen algo totalmente interesante. En un estudio, el Dr. M. Stampfer encontró que durante un seguimiento de 8 años, las mujeres que habían tomado al menos 100 U.I. de vitamina E diario durante 2 años, tuvieron un 46 % de menor riesgo de un sufrir un ataque al corazón. Esto se basó en el estudio de una población de 87,245 mujeres. El segundo estudio, en hombres, por el Dr. E. Rimm, basado en 51,529 sujetos, demostró un 37 % de menor riesgo. Se descubrió que no hay suficiente vitamina E en el alimento; el Dr. Stampfer estuvo tan convencido por los datos, que él mismo está tomando la vitamina E.

Con relación a los minerales antioxidantes, el selenio es de gran relevancia. El selenio alivia el dolor precordial asociado con la angina de pecho. La investigación científica en humanos, ha demostrado que la deficiencia de selenio causa cardiomiopatía. El selenio disminuye la presión sanguinea en las personas que de hipertensión. En pocas palabras, el selenio nos protege contra muchas enfermedades cardíacas.

Dentro de este grupo de nutrientes antioxidantes, podemos encontrar a la coenzima Q-10, la cual es una substancia parecida a las vitaminas que se encuentra principal y abundantemente en el músculo cardíaco. Varios ensayos clínicos serios han corroborado que dosis diarias adecuadas de este nutriente pueden también reducir substancialmente los ataques de angina de pecho. De la misma forma ayuda a incrementar el vigor (Am J Cardiol, 1985; 56:247).

Cada vez son más los estudios que demuestran que la fibra (especialmente la fibra soluble), tiene un papel muy importante que jugar en la prevención de las enfermedades cardiovasculares (JAMA, 1996; 275: 447-51) lo cual, es independiente de otras medidas dietéticas. La fibra disminuye las lipoproteínas de baja de densidad (conocidas como el colesterol malo) y tiene poco o ningún efecto sobre las lipoproteínas de alta densidad (el colesterol bueno).

Hay otros aspectos nutricionales que tienen gran impacto sobre la prevención de las enfermedades cardiovasculares. Tal es el caso de las grasas hidrogenadas. Es indispensable evitarlas ya que el consumo de ácidos grasos trans (producidos por la hidrogenación parcial de los aceites vegetales) puede llevarnos a una enfermedad cardíaca (Lancet, 1993; 341: 581-5). Interfieren con el metabolismo de los ácidos grasos esenciales (Proc Natl Acad Sci, 1982; 79: 953-57), y de igual manera tienen otros efectos dañinos contra la salud en general (N Eng J Med, 1990; 323: 439-45, Acta Paed Int J Paed, 1992; 81: 302-6). Los ácidos grasos trans pueden ser un riesgo para la salud mayor que ambos, los productos lácteos y las grasas saturadas naturales (Lancet, 1993; 341: 1093).

Los médicos son cada día más conscientes de la gran repercusión que tiene en nuestra salud, la intoxicación crónica producida por los metales pesados. Altos niveles de cadmio tisular se han asociado clínicamente con las enfermedades cardiovasculares potencialmente fatales (J Am Med Assoc, 1996; 198: 267; Ecologist, 1971; 1: 11).

El plomo en el agua que bebemos, especialmente en las áreas de aguas suaves, puede contribuir a la aparición de la hipertensión arterial sistémica (Medycyna Pracy, 1994; 45(2): 163-70). En este caso, es muy útil recurrir al tratamiento de terapia de quelación, el cual emplea moléculas llamadas queladores para erradicar los metales pesados tóxicos en nuestro cuerpo.

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