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miércoles, 17 de agosto de 2011

Estrógenos ambientales y la feminización de la naturaleza

Se está estudiando el descenso de los conteos espermáticos, la incapacidad reproductora de diferentes especies que van desde los cocodrilos de Florida a ciertas águilas, las deformidades en las ranas, pescados y los pájaros y la elevación en los cánceres de la niñez y los cánceres en el aparato reproductor humano.

El profesor Niels Skakkeback publicó un artículo en 1992 demostrando que los conteos espermáticos de los varones han caído en un 50 % en los últimos 50 años. Desde entonces, otros investigadores llegaron a estas mismas conclusiones. El resultado de todos estos estudios es que los conteos espermáticos de los varones están en verdad cayendo algo así como un 2 % por año. Otros estudios indican que al mismo tiempo ha habido una declinación importante en ambas cosas, la movilidad espermática de los varones y en el porcentaje del esperma normal. Si esta tendencia continúa a la misma tasa de declinación, no pasará mucho tiempo para que las naciones occidentales enfrenten un problema ampliamente diseminado con la fertilidad masculina. Varias encuestas ya muestran que el número de parejas que buscan tratamiento para la infertilidad ha aumentado considerablemente en los últimos 20 años. Por ejemplo, en Inglaterra, se sabe que cerca de una de cada 6 parejas sufre de problemas de infertilidad. Aunque estos problemas se ven tradicionalmente como problemas femeninos, los descubrimientos más recientes muestran que en cerca del 40 % de los casos, es el varón el responsable del problema. Todo esto se debe a los estrógenos ambientales.

Hay evidencia de que los químicos estrógeno-miméticos pueden hasta estar cambiando la proporción de bebés varones vs bebés mujeres, produciendo que haya menos nacimientos de varones. En Marzo de 1998, un estudio Danés encontró que la proporción masculina de recién nacidos, que normalmente era de 106 varones por cada 100 mujeres ha estado disminuyendo en varias poblaciones. En Abril de 1998, Devra Lee del World Resources Institute publicó un artículo en JAMA, el cual analizó estudios recientes de las tendencias de los nacimientos en Dinamarca, Holanda, Canadá y EE. UU. Los científicos encontraron amplios patrones de descenso en la proporción de hombres nacidos en estos países, lo mismo que un aumento en los defectos del aparato reproductor.

En un estudio publicado en la revista Pediatrics que involucró a 17,000 muchachas, se reveló que entre los 8 y 9 años, 48 % de las chicas negras y cerca del 15 % de las chicas blancas habían empezado o el desarrollo de cabello secundario, o el desarrollo de los senos o ambos.

En 1971, la investigación ardua y profunda encontró que un grupo de mujeres jóvenes con un raro cáncer vaginal tenían en común que habían sido expuestas al DES durante el embarazo de sus madres (A.L. Herbst and R E Scully, 1970. Adenocarcinoma of the vagina inadolescence. Cancer, 25;745-757). Diferente de la talidomida que causaba malformaciones congénitas visibles al momento del nacimiento, estos defectos eran diferidos hasta la pubertad o después. Parecía que los cánceres vaginales se desarrollaban cuando el medio ambiente cambiaba en la adolescencia. Estos fueron también los primeros casos de carcinogénesis transplacental que se produjeron, donde la exposición en el útero causaba cáncer más tarde.
Conforme continuaron los estudios, se descubrió algo aún menos esperado en los vástagos masculinos. Lo que más sorprendió e impactó a los investigadores fue que los vástagos masculinos realmente tenían ambos sistemas reproductores masculino y femenino uno junto al otro. Es decir, que esencialmente eran hermafroditas. Se concluyó finalmente que este proceso de feminización de los varones ocurrió temprano en la vida fetal cuando potencialmente existen en una forma bisexual. Los resultados de estos estudios se publicaron en la revista Science en 1975, donde se reportó que el 60 % de los vástagos masculinos de ratonas embarazadas tratadas con el estrógeno DES eran estériles (J.A. McLachlan, R. Newbold and B. Bullock, 1975. Reproductive tract lesions in male mice exposed prenatally to DES, Science, 190; 991-992).

El Dr. McLachlan se dio cuenta de que otro agente químico sintético al cual, todos estamos expuestos y que puede medirse en nuestra sangre y nuestra grasa, también era débilmente estrogénico, se trataba del pesticida sensacional DDT.

El Dr. Linderman y el Dr. Burlington de la Universidad de Syracuse trataron de encontrar si el DDT tendría algún efecto en otros animales que no fueran los insectos. Así que para descubrirlo, les administraron a pollos pequeñas dosis de DDT durante 60 días. Se sorprendieron cuando observaron marcados efectos adversos, especialmente encontraron testículos severamente subdesarrollados, en un promedio de 5 veces más pequeños. Esta fue la primera advertencia de sus efectos retrasados y más sutiles (R Kuntzman, 1969. Drugs and enzyme induction. Ann Rev. Pharm 9:21-36). Aunque estos hallazgos fueron publicados en 1950, pronto fueron olvidados.

No hay que olvidar que el DDT es muy persistente, es decir que no es fácilmente destruido. La molécula tiene una vida media de 100 años, lo cual lo capacita a permanecer en el medio ambiente mucho tiempo después de haber sido rociado. La mayor parte del DDT y sus metabolitos son almacenados en el tejido graso, porque como muchos otros estrógenos sintéticos, son lipofílicos.

Esta persistencia le da la capacidad también de aumentar su concentración conforme sigue la cadena alimenticia, un proceso conocido como bioacumulación.

Otro aspecto negativo es que además de su persistencia y bioacumulación, el DDT puede ser transferido directamente a través de las generaciones, pasándose de una generación a la siguiente. En los seres humanos, esto puede suceder a través de la placenta y a través de la leche materna.
Lo peor de todo es que el DDT está increíblemente diseminado por todo el planeta. Se ha encontrado en el Artico y en la nieve del Antártico.
McLachlan siguió sus investigaciones y pronto se dio cuenta de que otros pesticidas también actúan como estrógenos débiles (J. McLachlan et al., 1980. Estrogens in the Environment, Elsevier). En 1975, en Life Science Products Company en Virginia, EE.UU., los trabajadores fueron expuestos a un insecticida conocido como kepone. El Dr. Guzelian del Medical College en Virginia encontró que 14 de los trabajadores masculinos eran estériles. El análisis del semen mostró desarrollo del esperma marcadamente anormal y una movilidad del esperma reducida. Así se encontró el efecto estrogénico del kepone.

La lista de los pesticidas con efectos estrogénicos fue creciendo. La lista incluye al DDE un producto residual del DDT, el ketlane, el heptaclor, el kepone y el metoxiclor. Lo misterioso es que es imposible predecir por su estructura molecular su probable actividad estrogénica.

Ahora sabemos que estos agentes químicos actúan como destructores endocrinos de la acción natural de los estrógenos. Lo hacen de varias formas. Pueden ajustarse a los receptores celulares y actuar como un estrógeno natural. También pueden actuar como bloqueadores hormonales, evitando la activación del receptor. Pero se ha visto que pueden activar a más receptores celulares y eso puede hacer que la acción estrogénica sea más potente. Incluso, pueden hasta cambiar el metabolismo de los estrógenos naturales de tal manera que resulta en una forma diferente en nuestro cuerpo.

Las investigaciones han continuado y cada año se han identificado más y más químicos con efectos estrogénicos. Un grupo de los ubicuos agentes químicos identificados con tales efectos, es el de los organoclorados, conocidos como bifeniles policlorinados o PCBs, los cuales están en nuestros días ampliamente diseminados en el medio ambiente (PJH Reijnders, 1986. Evidence PCBs have reproductive effects. Nature, 324:456; CF Mason et al., 1986. Bull. Environ. Contam. Toxic, 36: 656). En la actualidad, se han formulado más de 209 diferentes tipos de PCBs.

David Peakall de la Universidad Cornell expuso pájaros al DDT y a los PCBs. Los PCBs fueron aún más fuertes que el DDT en aumentar el desdoblamiento del estradiol, lo cual hizo a los animales estériles, al alterar las relaciones de las diferentes hormonas sexuales (R. Riseborough, 1970. More letters in the wind. Environment, 12:16-27). Algunas estimaciones sugieren que más de 1.2 millones de toneladas de PCBs se han manufacturado en el mundo entero (JT Borlakoglu and RR Dils, 1991. PCBs in human tissues. Chemistry in Britain, September, pp 815-818).
Como el DDT, los PCBs se acumulan en la cadena alimenticia y se encuentran en concentraciones más altas en el hombre y los mamíferos marinos. Pueden ser transportados a través del aire como vapor y pueden entrar al cuerpo humano a través de los pulmones y la piel y tal vez a través de nuestra comida (KC Jones, V Burnet and KS Waterhouse, 1991. PCBs in the environment. Chemistry in Britain, May, pp 435-438). Podemos encontrarlos en los productos aceitosos, grasosos, como los lácteos y los pescados. Irónicamente los PCBs más tóxicos son aquellos que se acumulan más fácilmente.

Además de todos estos miles de agentes químicos estrógeno-miméticos, hay otra fuente en la que nunca se pensó en el pasado. Esta fuente inesperada de estrógenos son las plantas. A esta clase de hormonas se les conoce como fitoestrógenos. Los isoflavones son los más comunes. Por esta razón, nuestra dieta es un factor importante en el consumo y por lo tanto en el riesgo de sufrir de estos efectos destructores hormonales. Algunos investigadores están preocupados por el uso cada vez más diseminado de la soya en los alimentos para bebés.

Una lista de compuestos comunes con efectos estrogénicos incluye, tolueno, acetona, ácido benzóico, cafeína, los phtalatos. Se cree que estos últimos son los químicos más abundantes hechos por el hombre en el medio ambiente. Otro químico con efectos destructores endocrinos es la dioxina, considerada por algunos, uno de los más mortales venenos conocidos por el hombre.

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río.

Profesor de Farmacología del CUCS de la Universidad de Guadalajara y Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C.

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