Maravillas del Tíbet

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martes, 24 de febrero de 2009

Gran cantidad de enfermedades físicas y mentales habituales están relacionadas con el consumo del azúcar “blanca” refinada.

Por Dr. Aldana->visita mi blog para conocer alternativas médicas que SI CURAN y pueden prevenir enfermedades DE VERDAD…Es gratis!

Combinar correctamente los alimentos
Sean cereales azucarados, pastelería y café negro para desayunar; hamburguesas y Coca-Cola para comer o una cena completa por la noche, químicamente la dieta tipo americana es una fórmula que garantiza problemas estomacales.

Los seres humanos necesitamos tanto el azúcar como la nicotina del tabaco. La adicción es una cosa, la necesidad otra.

Desde los tiempos del imperio persa hasta nuestros días, el azúcar se ha utilizado habitualmente para incrementar el sabor de otro alimento o bebida, como ingrediente en la cocina o como condimento en la mesa.

Dejemos a un lado de momento los efectos conocidos del azúcar (a largo y corto plazo) y concentrémonos en el efecto del azúcar combinada con otros alimentos diarios.
Cuando la abuela advertía que tomar galletas dulces antes de comer “estropearía el almuerzo” sabía lo que decía.

Puede que su explicación no satisfaciera a un químico pero como ocurre con otros axiomas tradicionales provenientes de la cocina, tales reglas se basan en años de prueba y error y cualifican para dar en el clavo.

La mayoría de los descubrimientos modernos sobre combinación de alimentos son cosas que la abuela daba por hecho.

Cualquier dieta o regimen que se siga por el sencillo propósito de perder peso es peligroso por definición. La obesidad se trata como una enfermedad en los Estados Unidos del siglo XX. Pero no lo es.

La obesidad es solamente un síntoma, un signo, una advertencia de que tu cuerpo está funcionando mal. Hacer dieta para bajar de peso es tan tonto y peligroso como tomar aspirinas para aliviar un dolor de cabeza antes de saber cuál es la causa del dolor. Quitar de enmedio el síntoma es como apagar la alarma. Deja la causa primaria tal como estaba.

Cualquier dieta o regimen que sigas si no persigue el restablecimiento total de la salud, es peligrosa. Mucha gente con sobrepeso está desnutrida. (El Dr. H. Curtis Wood enfatiza este extremo en su libro de 1971, Sobrealimentados pero desnutridos). Comer menos, puede agravar esta condición a menos que nos ocupemos de la calidad de lo que comemos, en vez de sólo en la cantidad.

Mucha gente, incluidos médicos, asume que si perdemos peso, perdemos grasa. No es necesariamente así.

Cualquier dieta que pone todos los carbohidratos juntos es peligrosa. Cualquier dieta que no considera la calidad de los carbohidratos y efectúa la distinción esencial entre carbohidratos naturales, no refinados como los granos ecológicos completos y los vegetales, y los carbohidratos refinados por el hombre como azúcar y harina blanca, es peligrosa.

Cualquier dieta que incluya azúcar y harinas refinadas, no importa el nombre “científico” que le den, es peligrosa.

Sustituir el azúcar refinado y la harina blanca por granos completos, vegetales y frutas naturales dentro de su estación, es la base de cualquier dieta razonable.

Cambiar la calidad de los carbohidratos que consumes puede cambiar tu calidad de vida y de salud. Si consumes alimentos naturales de buena calidad, la cantidad tiende a regularse por sí sola. Nadie va a comerse media docena de remolachas o un paquete de azúcar de caña. Y aunque lo hicieran, aún así será menos peligroso que unas pocas onzas de azúcar.

Los azúcares de todas las clases -azúcares naturales como los que hay en la miel y en la fruta, o refinados como la sucrosa- tienden a frenar la secreción de jugos gástricos y poseen un efecto inhibidor sobre la habilidad natural del estómago de moverse.

Los azúcares no empiezan a digerirse en la boca, como los cereales, o en el estómago, como la carne animal. Cuando se toman solas, pasan rápidamente a través del estómago al intestino delgado.

Cuando los azúcares se toman junto con otros alimentos -quizás carne y pan en un sandwich- son retenidos en el estómago durante un tiempo. El azúcar del pan y de la Coca-Cola se quedan ahí con la haburguesa esperando a ser digeridos. Mientras el estómago trabaja sobre las proteínas animales y el almidón refinado del pan, el azucar añadido practicamente garantiza una fermentación ácida rápida en las condiciones existentes de calor y humedad del estómago.
Basta el terrón de azúcar de tu café después del sandwich para convertir tu estómago en un fermentador. Basta un refresco con una hamburguesa para convertir tu estómago en un alambique.

El azúcar de tus cereales -sea que lo añadas tú o los compres azucarados- prácticamente garantiza una fermentación ácida.

Desde el principio de los tiempos, se han observado las leyes naturales en los dos sentidos de la palabra, en cuanto a combinación de los alimentos que se consumían. Se sabe que los pájaros comen insectos en un momento del día y semillas, en otro. Otros animales tienden a comer un tipo de alimento cada vez. Los animales carnívoros consumen sus proteínas crudas y solas (sin mezclarlas).

En Oriente, es tradicional comer alimentos yang antes que alimentos yin. Sopa de miso (proteínas fermentadas de soja, o sea yang) en el desayuno; pescado crudo (proteína yang) al comenzar la comida; luego viene el arroz (que es menos yang que el miso y el pescado) y luego los vegetales que son yin. Si alguna vez comes en compañía de una familia japonesa tradicional y alteras este orden, ellos te corregirán con cortesía pero con firmeza.

Las leyes que siguen muchos judíos ortodoxos prohiben hacer varias combinaciones en una misma comida, especialmente carne y productos lácteos. La existencia de utensilios especiales para las comidas derivadas de lácteos y otros diferentes para las comidas de carne, refuerzan este tabú en la misma cocina.

El hombre aprendió muy pronto cuáles eran las consecuencias de una combinación inapropiada de los alimentos en la comida.

Cuando tenía dolor de estómago producido por la combinación de fruta cruda con cereales, o de miel con avena, no iba a buscar tabletas antiácidas. Aprendió que no debía hacer esa combinación de alimentos. Cuando el exceso y la glotonería empezó a extenderse, los códigos y mandatos religiosos se invocaron en contra de tales acciones.

La glotonería es un pecado capital en la mayoría de las religiones, no obstante lo cual no existen advertencias o mandatos religiosos contra el azúcar refinada porque el abuso del azúcar, al igual que el abuso de las drogas, no apareció en la escena mundial hasta varios siglos después que los libros sagrados entraran en imprenta.

“¿Por qué tenemos que dar por bueno lo que encontramos en una competición de seres humanos debilitados y enfermos? preguntaba el Dr. Herbert M. Shelton “¿Debemos dar por hecho que las prácticas alimenticias actuales del hombre civilizado son normales? Heces fétidas, sueltas, como piedras, gases fétidos, colitis, hemorroides, sangre en las heces, la necesidad de usar papel higiénico, todo se barre junto en la órbita de lo normal…”

Cuando los almidones y los azúcares se toman juntos y sufren la fermentación, se convierten en dióxido de carbono, acido acético, alcohol y agua. Excepto el agua, todo lo demás son sustancias venenosas inutilizables.

La digestión enzimática de los alimentos, los prepara para que el cuerpo pueda utilizarlos. La descomposición bacteriana los vuelve no aptos para el uso. El primer proceso nos da nutrientes; el segundo, tóxicos.

Mucho de lo que pasa como nutrición moderna está obsesionada con la manía del recuento calórico. Se trata al cuerpo como si fuera una cuenta bancaria en la que depositamos calorías, igual que dinero y retiramos energía.

Deposita proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales cuantitativamente equilibrados y el resultado, teóricamente, es un cuerpo sano. Hoy en día, la gente cualifica como sana si puede reptar fuera de la cama, llegar a la oficina y fichar. Si no pueden hacerlo, llaman al doctor para cualificar como baja laboral, hospitalización, cura de descanso, cualquier cosa que les proporcione la paga diaria sin llegar al riñón artificial, cortesía de los que pagan impuestos.

Pero ¿dónde está el beneficio si esas calorías y nutrientes que teóricamente son necesarias consumir diariamente, si fermentan y se pudren en el tracto digestivo?

Los hidratos de carbono que fermentan en el tracto digestivo se convierten en alcohol y ácido acético, monosacáridos no digeribles.

“Para que un alimento consumido sostenga la vida del organismo, primero es necesario digerirlo”, advirtió Shelton hace años, “no deben pudrirse”.

Por supuesto, el organismo puede librarse de los tóxicos a través de la orina y de los poros; el nivel de tóxicos en la orina se toma como medida para saber cómo está el intestino. El cuerpo establece una tolerancia para estos tóxicos, del mismo modo que se ajusta gradualmente al consumo de heroína. Pero, dice Shelton, “la incomodidad debida a la acumulación de gases, el mal aliento, los olores fétidos son tan indeseables como lo son los tóxicos”.

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